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lunes, 26 de enero de 2015

Abdominales y lumbares, una pareja incomprendida


Uno de los errores más comunes a la hora de fortalecer nuestro tronco, es pensar que no ejercitamos nuestra musculatura lumbar cuando en realidad lo que sucede es que trabaja demasiado: nuestra condición de bípedos hace que soporte el tronco y lo dote de movilidad sobre la base de la cintura y las piernas, según señala uno de nuestros especialistas de referencia, el fisoterapeuta y osteópata, Alberto Torres. Pero para entender la relación de pareja que mantiene con los abdominales debemos recordar un principio básico: por cada músculo de nuestro cuerpo que se contrae, hay otro antagónico que se relaja. Es decir que “no hacer nada” en cuanto a ejercicio físico específico se refiere sobre éstas áreas implica que en nuestra vida cotidiana estamos hipertonificando las lumbares mientras que los abdominales están relajados. Demasiado. Y ya sabemos que lo ideal es buscar el equilibrio. 

¿Pero qué consecuencias provoca esta relajación abdominal? Para entenderlo vamos a explicar las dos funciones básicas de estos cuatro pares de músculos planos que rodean el vientre (dos rectos anteriores por delante y seis restantes a ambos lados de la cintura: transversos, oblicuos menores y mayores dispuestos en capas):
-        función esquelética: al insertarse en varios huesos del tronco (costillas, esternón, vértebras y pelvis) provocan su movimiento al contraerse y estirarse.
-        función visceral: forman parte de la caja abdominal que contiene las vísceras. Al contraerse pueden movilizar o fijar esa masa visceral (como si fuera una bolsa de agua caliente). 

Así que si no usamos nuestros abdominales:
-        sobrecargamos nuestra espalda: la falta de fuerza abdominal provoca un arqueo excesivo de la columna lumbar que se tensa (hiperlordosis) y anteversión de la pelvis.
-        las vértebras tenderán a “pegarse” para tratar de rectificar la posición: se pierde la postura correcta erguida y puede provocar prolapsos, protusiones y en último caso hernias discales.
-        la falta de movimiento de nuestro tronco y pelvis tan importante en especial para los corredores debido a la reiteración de movimientos y al impacto continuo provocará desequilibrios y lesiones en nuestras extremidades inferiores.
-        riesgo de prolapsos (caída de órganos), hernias al no estar bien sujetas las vísceras. que nos exige tener un buen tono muscular para proteger nuestras articulaciones y equilibrio esquelético.

¿Cómo ejercitarlos?
El 90% de las lumbalgias según los fisioterapeutas, vienen originadas por una falta de tono abdominal, así como por falta de fuerza y estiramiento de los glúteos que son los principales estabilizadores de cadera. De hecho los glúteos y las lumbares pertenecen a la misma cadena cinética: es decir que un buen tono muscular de los primeros auxiliará a las segundas. La ventaja es que muchos de los ejercicios abdominales que hacemos también implican a los glúteos. Si esto es importante para la población general imaginaros para los corredores que con la reiteración de gestos propia de la carrera estamos continuamente exigiendo esfuerzos a nuestra tronco y pelvis. Necesitamos mucha más estabilidad para que la fuerza de la impulsión que desarrollamos en cada zancada se transmita con eficacia a través de todos estos músculos (desde el pie hasta los brazos) para desplazarnos con la máxima eficacia. 

Pero antes de ponernos a hacer abdominales es recomendable empezar por practicar unas pautas previas:
1. Mantener los riñones apoyados cuando estemos sentados 

2. Movilizar las costillas (inspirar llevando el aire hacia las costillas y espirar cerrándolas) y los músculos intercostales (estirando los brazos hacia la punta de los dedos como si quisiéramos alargarlos en la inspiración y cerrando costillas y acercando las escápulas u homóplatos entre sí en la espiración).

3. Movilizar la cadera practicando ejercicios de retroversión-anteversión.



4. Potenciar la fuerza abdominal superior (con un punto fijo inferior elevan el tronco) e inferior (con un punto fijo superior elevan las piernas). Proponemos dos ejercicios de iniciación partiendo de la posición tumbados sobre la espalda, con las piernas flexionadas, manos cruzadas detrás de la nuca, sosteniendo la cabeza para favorecer la relajación del cuello y la espalda plana sobre el suelo (pelvis en retroversión). El nº repeticiones en cada caso, serán las suficientes para que los abdominales empiecen a quemar y siempre es más importante la corrección postural y la concentración en el movimiento que poco a poco nos hará ser conscientes de los músculos que movemos:

a) Elevar la espalda hasta despegar las escápulas del suelo (repetir 2 veces).


b) Elevar la escápula de un lado y la pierna del contrario acercando el codo hasta la rodilla.

A lo largo de este año profundizaremos tanto en las técnicas como en los ejercicios más adecuados para corredores. Pero si os interesa una lectura divulgativa sobre el tema os recomendamos el libro “Abdominales sin riesgo” de Blandine Calais Germain y/o la web anatomiaparaelmovimiento.com. 

5. Potenciar la fuerza y los estiramientos de glúteos (ver post anterior sobre el tema)

Conclusión: demos tregua a nuestra espalda ejercitando con precaución nuestro abdomen.

lunes, 21 de julio de 2014

10 ejercicios de fuerza lumbopélvica


5 básicos + 5 avanzados para mantener la estabilidad al correr

¡Muy importante buscar la corrección postural más que el nº de repeticiones!

1. Estabilizador lumbar: apoya las manos en la parte inferior de tu abdomen a la altura del ombligo. Realiza 2-3 respiraciones para relajarte. A continuación haz una  respiración más profunda y en la espiración presiona tu ombligo como si quisieras acercarlo a tu espalda. Mantén la posición durante unos 10 segundos. Relájate y repite el ejercicio.  Cuando lo domines puedes hacerlo de pie, apoyado contra una pared.


2. Abdominal profundo (transverso) y estabilizador lumbar. Contrae el abdomen manteniendo la columna en su posición natural. A continuación levanta alternativamente cada pierna del suelo unos 30 cm. Cuando domines el ejercicio, hazlo estirando ambas piernas y por último levantando el brazo contrario a la pierna. Evita siempre bascular la pelvis o alterar la curvatura natural de tu espalda.

3. Transverso y lumbares. Contrae el abdomen levantando alternativamente una pierna y el brazo del lado contrario que deben estar alineados. Mantén cada posición 10 segundos. Evita rotar la pelvis y mantén zona lumbar neutra.


4. Estabiliza “core” y fortalece glúteos. Contrae el abdomen y los glúteos antes de empezar el ejercicio. Levanta la pelvis y la cadera del suelo sin alterar la curvatura natural de tu espalda y sin rotar la pelvis. La cadera debe estar alineada con las rodillas y los hombros. Mantén la posición 10 segundos y desciende suavemente hasta apoyarla en el suelo. La dificultad aumenta si estiras una pierna y más aún, apoyando las manos en el pecho e incluso estirando los brazos alternativamente para aumentar la inestabilidad (siempre elevando un brazo y la pierna contraria).



5. Posturales que estabilizan “core”. Ideales para fortalecer lumbares e imprescindibles en tu día a día. Con los antebrazos y los pies apoyados en el suelo, levanta la pelvis del suelo y contrae los glúteos sin alterar la curvatura natural de tu espalda y mantén la posición evitando que descienda la pelvis. Empieza manteniendo cada posición 20 segundos para ir progresivamente aumentando hasta 1 minuto.
 
…Y ahora con la dificultad añadida de hacerlo sobre una superficie inestable (“Fit-ball”)


6. Estabilizador “core”. Sentado sobre un “fit-ball” manteniendo la curvatura natural de tu espalda, separas los pies a la misma distancia que la de tus caderas a la vez que contraes el abdomen. A continuación levanta una pierna del suelo (5 cm bastan para empezar) y trata de controlar el equilibrio sobre el otro pie manteniendo la estabilidad. La progresión consiste en levantar alternativamente el brazo contrario. levantando alternativamente una pierna y el brazo del lado contrario que deben estar alineados. Mantén cada posición 10 segundos. Evita rotar la pelvis y mantén zona lumbar neutra.

7. Partiendo de la misma posición que el anterior, contrae el abdomen mientras haces rodar tu espalda hasta extenderla completamente sobre la pelota. A continuación levanta el tronco a la altura del tórax  como si formara un bloque con tu cabeza y cuello evitando flexionar las cervicales. Concéntrate en intentar acercar la parte inferior de tus costillas a la pelvis. La dificultad añadida es realizar el ejercicio con un balón medicinal.




8. Abdominales. De rodillas, apoya las manos unidas sobre la pelota y hazla rodar despacio alejándola de ti hasta que tus caderas y hombros estén alineados, luego atráela hacia a ti un poco y vuelve a alejarla. Progresivamente puedes continuar estirando el tronco hasta que sólo apoyes en el suelo las puntas de los pies.

9. Fortalece musculatura de la espalda y abdomen. Contrae el abdomen y mantén las escápulas y lumbares en su posición natural. Intenta mover la pelota con la fuerza de tu abdomen hacia delante y hacia atrás. Empieza apoyando las espinillas en lugar de los dedos de los pies. Posteriormente puedes realizar el mismo ejercicio apoyando un solo pie en la pelota.




10. Desarrollo del equilibrio y un mayor control neuromotor activando los numerosos propioceptores de los pies, además de los abdominales y los músculos del cuello que nos ayudan a lograr la postura correcta. Empieza con los dos pies apoyados y cuando te sientas seguro, prueba a levantar una pierna hacia delante, atrás y hacia los lados, buscando progresivamente posiciones más comprometidas, inclinando el tronco hacia delante o lateralmente.  Estos ejercicios son muy útiles también para fortalecer los tobillos. Puedes usar un “bosu”, una tabla con un “churro” (de los empleados en natación) debajo, un colchón o una pelota deshinchados o cualquier superficie inestable que sea segura.